EL PAÍS, miércoles 19 de octubre de 2005 (Páginas 19 y 20)
INVESTIGACIÓN Y ANÁLISIS
EL INAPLAZABLE RETO
DEL ‘MADE IN SPAIN’ / y 3
Puesto que la competencia internacional es enorme y los
recursos de un país medio como España serán siempre limitados, el ‘gran salto
adelante’ tendrá que concentrar sus esfuerzos allí donde la inversión pueda
resultar más fructífera. La escasez de recursos alimenta desde hace años la
polémica sobre el destino del dinero dedicado a la investigación militar.
Las armas de la investigación española
Defensa sostiene que
JOSÉ LUIS BARBERÍA
Con 315 millones de euros anuales de presupuesto específico
y 1.000 millones más como anticipo de financiación de proyectos industriales,
“Además”, añade, “el concepto de Defensa ha cambiado
sustancialmente a causa del terrorismo internacional. Los casos de Nueva York, Madrid y Londres han puesto de manifiesto que esas
amenazas no se combaten con el poder disuasorio de los ejércitos
convencionales. Eso significa que el Ejército tiene que aplicar el I+D al
ámbito de la seguridad, que necesita desarrollar sistemas de detección y de
defensa inmediata contra las armas NBQ (nucleares, biológicas, químicas), que
necesitamos un control total del espacio aéreo y mejores sistemas de
comunicación. Hay nuevos riesgos, nuevas necesidades y, por lo tanto, nuevas
tecnologías”, subraya.
El secretario de Estado de Defensa admite, eso sí,
que hay muy poco de investigación militar pura española. “En la mayor parte de
los casos, lo que se hace es desarrollar sistemas de aplicación militar de la
mano de las empresas especializadas. A la hora de las adquisiciones, siempre
damos prioridad al mercado español, pero si hay que recurrir a empresas
extranjeras, lo primero que exigimos es el compromiso de que nos transferirán
su tecnología. Nosotros desarrollamos y acoplamos esa tecnología de acuerdo con
nuestros objetivos, de forma que, finalmente, nos hagamos con la propiedad
intelectual”. Según Francisco Pardo, el grado de dependencia tecnológica
militar española es similar a la que se produce en el ámbito propiamente civil.
Satélites
militares al espacio
Un total de 1.500 personas trabajan en los seis
centros tecnológicos de Defensa concentrados en el Instituto Tecnológico de
El secretario de Estado sostiene que el impulso del
I+D militar es vital para el desarrollo de sectores industriales estratégicos
españoles. “Más del 60% de las empresas que trabajan para Defensa son civiles y
si esas empresas tienen hoy un alto nivel que les hace competitivas es, en
buena medida, gracias a los encargos, a los retos tecnológicos planteados desde
Defensa”. Pone como ejemplo a las compañías Indra y
CASA. La primera de esas empresas, que fabrica el innovador radar
tridimensional, ha desarrollado los sistemas que gestionan la tercera parte del
tráfico aéreo mundial.
“Si se quiere pesar en el mundo, hay que tener
Defensa propia y para tener Defensa, hoy hace falta disponer de tecnología e
industria propias, lo menos dependientes posibles”, subraya. De ahí la
importancia que Francisco Pardo otorga a la construcción de los submarinos
S-80. “Por primera vez en su historia”, dice, “España tiene la capacidad
tecnológica suficiente para construir un submarino completo, desde los sistemas
de radar hasta la planta de propulsión, pasando por los sonares y los sistemas
de visión vía satélite. Esa tecnología y esa industria permitirá a Navantia, compañía de
Hacen
falta rascacielos
Tres centenares de empresas españolas participan en
el proyecto europeo Eurofighter y otras muchas lo
hacen en los programas españoles de modernización de los helicópteros TIGRE.
“Lo cierto es que España cuenta hoy con un sector aerodinámico y aeroespacial
de importancia y una industria naval que va a salir muy reforzada”, destaca
Francisco Pardo.
Con el propósito de conseguir la plena autonomía en
el terreno de las comunicaciones, Defensa va a adquirir un nuevo satélite
militar para que complemente al X-TAR, ya en el espacio. “Ahora vamos a
desarrollar un sistema de sensores en los fuselajes que posibilitarán detectar
el grado de fatiga de los aviones y ahorrarnos la costosisima
tarea de tener que desmontarlos enteramente”.
El secretario de Estado da cuenta asimismo, de la
investigación española sobre aviones no tripulados UAW dirigidos desde tierra
que podrán ser utilizados como aviones de combate, pero que también podrán
detectar bancos de peces y ser de gran utilidad en la lucha contra los
incendios o en el rescate de personas. “España haría muy mal en no aprovechar
el momento actual para dar también un gran salto tecnológico en el ámbito
militar, entre otras cosas, porque la investigación militar es rentable”,
concluye.
En cualquier caso, para que la pirámide de
Es una crítica que alcanza, asimismo, a las
comunidades autónomas, cuya inversión en I+D supone ya la mitad del presupuesto
público español. “Mientras, en el extranjero los grandes grupos y hasta los
países se asocian para acometer conjuntamente proyectos gigantescos
especializados, aquí cada comunidad se lo monta por su cuenta, todo el mundo
pretende hacer de todo, cuando es evidente que no tenemos- tamaño para replicar
duplicidades”, sostiene la presidenta de la Asociación Española de Bioempresas (Asebio), Cristina Garmendia. “Como ciudadana”, dice, “me indigno, a veces, al
ver cómo se malgastan mis impuestos en duplicidades que no sirven para nada.
Debería haber coordinación y colaboración. Cataluña, por ejemplo, es la
comunidad que tiene mayor capacidad de investigación clínica, pero le falta la
tecnología que sí tienen algunas empresas vascas, interesadas, por lo demás, en
participar en el campo de la Salud. Deberíamos poner en común las distintas
apuestas, hacer que el Gobierno central lidere una política para toda España”. dice la presidenta de Asebio.
“Efectivamente, es esencial integrar a las
comunidades autónomas en una política común”, admite el secretario de Estado
para
El presidente del CSIC recoge esa reclamación sin
ocultar su escepticismo. “Una de las recomendaciones del grupo de expertos
internacionales que nos evaluó hace unos años”, dice, “fue, precisamente, que
la dirección de nuestro organismo fuera todavía más potente”.
En cualquier caso, en el seno de la comunidad
científica existe el anhelo general de que los principales partidos políticos
alcancen un amplio acuerdo, un pacto de Estado, que dé estabilidad a la
política científica y evite, entre otras cosas, los frenazos y tirones
presupuestarios que tantas incertidumbres y frustraciones provocan. “Es
preferible una inversión de crecimiento moderado y sostenible durante 12 años
que invertir mucho en cuatro años y luego abandonar esa inversión”, sostienen.
Desarrollo laboral y profesional
Puesto que la creación es una flor delicada, habrá
que dar estabilidad y desarrollo laboral y profesional a los 60.000 nuevos
investigadores y a los 900 talentos que se pretende incorporar antes del año
2010. Se trata de evitar que se repitan agravios como los que soportaron años
atrás científicos españoles que aceptaron la oferta de volver a su país y se
encontraron con que tenían que competir por una plaza de simple colaborador
dotada con un sueldo que suponía la quinta parte de sus ingresos en el
extranjero. Actualmente, los jóvenes investigadores españoles de la red pública
ganan unos 30.000 euros al año, 20.000 menos que las figuras consolidadas de la
ciencia española. “En EE UU, un buen profesor investigador gana entre 200.000 y
300.000 dólares al año”, apunta Joan Guinovart.
Sin pretender equiparar la situación de la
investigación científica en uno y otro país, el director del Parque Científico
de Barcelona insiste en que la carrera científica debe resultar lo
suficientemente atractiva como para interesar a los mejores cerebros. “Esto no
tiene por qué ser necesariamente un sacerdocio, hay que darles también la
posibilidad de hacer negocio, de hacerse ricos con un invento, creando su
propia empresa”, opina Carlos Martínez. “,Cuánto vale
una idea?”, se pregunta Salvador Ordóñez, secretario de Estado para
De hecho, el Premio Príncipe de Asturias de
Investigación, Joan Massagué, considera que el
auténtico secreto reside en invertir de forma sostenida en los propios
investigadores, en los jóvenes situados en la treintena, bien formados y
cargados de talento e ideas. Claro que para que ese talento llegue a eclosionar
y producir descubrimientos hace falta disponer de los medios de un buen centro
de investigación. Y como se está viendo en San Francisco, Seattle,
Boston, San Diego, Baltimore, Cambridge, Seúl, Shanghai o Singapur, lo ideal es que esos cerebros y esos
centros especializados se concentren en un entorno físico plagado de
universidades, institutos monográficos, hospitales e industria propia que
conformen una gran infraestructura tecnológica, implementen la comunicación e
innovación científica e irradien un poderoso magnetismo exterior. Porque los
cerebros llaman a los cerebros y la ciencia a la ciencia, sobre todo, cuando se
trabaja en las fronteras del conocimiento, allí donde ninguna otra mente humana
ha estado antes.
Las
áreas más prometedoras
Se trata de crear grandes parques científicos que
atraigan también a lo centros de investigación de las empresas multinacionales.
Disponer de buenas comunicaciones, servicios públicos y calidad de vida en un
contexto urbano, dinámico, acogedor y cosmopolita. Son condiciones que sitúan
al área metropolitana de Barcelona entre los aspirantes a cubrir el gran vacío
existente en la Europa mediterránea, particularmente en el terreno de la
biomedicina.
El proyecto Sincrotón (electrones circulando casi a
la velocidad de la luz por un anillo de
“Hay que apostar por la especialización y la
concentración”, sostiene Carlos Martínez. Además, en España hay terrenos de
oportunidad con base y masa social investigadora en los que buscar la
eficiencia, puntos de apoyo sobre los que articular el proyecto llamado a situar
a nuestro país en el grupo de cabeza europeo. La nueva medicina de la biología
molecular y las células madre es una de las áreas de oportunidad.
Es un campo de enorme futuro como lo prueba el hecho
de que en Estados Unidos existían ya en 2003 un total de 1.830 empresas
biotecnológicas que daban empleo a 172.000 trabajadores. Europa tiene más
compañías de ese mismo sector, 1.973, pero únicamente 94.000 empleos, lo que da
una idea de la diferencia de tamaño entre unas y otras.
En España, el centenar de empresas dedicadas
exclusivamente a la biotecnología emplea a 1.571 personas y factura 296
millones de euros, pero existen otras 260 compañías que también trabajan en ese
mismo sector. “Nuestro problema es que podemos morir lentamente sin haber
cumplido nuestra mayoría de edad”, indica el ex secretario general de Asebio, Francisco Bas, en una
carta enviada al presidente del Gobierno.
El diseño de fármacos a la medida del genotipo del
paciente hará que la investigación se concentre mucho en los hospitales, en un
futuro inmediato. Y lo interesante es que en España buena parte de la
producción científica en biomedicina y en ciencias de la salud se está ya
desarrollando en los grandes centros hospitalarios, aunque la falta de
incentivos dirija a muchos buenos investigadores hacia la vertiente puramente
asistencial, que les aporta mejores retribuciones. La ventaja añadida es que
España dispone de un buen sistema nacional de salud pública y cuenta en este
terreno con numerosos científicos de talla.
Vinculada a la biología molecular, emerge igualmente
el interés por la nanotecnología, la utilización de
máquinas miniaturizadas, microscópicas, en organismos vivos capaces de
transportar fármacos a las zonas afectadas y de resolver muy variadas
disfunciones. El presidente del CSIC, Carlos Martínez, uno de los mayores
especialistas en la materia, está convencido de que la nanotecnología
es una de las claves del futuro.
Según los expertos, la ductilidad y agilidad de las
pequeñas compañías biotecnológicas constituirá una ventaja frente a las
multinacionales de los grandes laboratorios farmacéuticos. Este es un tren que
España debería alcanzar. “La historia produce una determinada ciencia en un
determinado momento y el asunto consiste en que estás ahí o no estás. En
biomedicina y en nanobiología tenemos números porque
los cimientos o están hechos o se están creando”, indica Joan Guinovart.
El final del petróleo barato
Ahora que, como dice el secretario de Estado para la
investigación, Salvador Ordóñez, “estamos en la segunda mitad de la era del
petróleo, ante el final de los tiempos del crudo abundante y barato”, la
investigación de las fuentes de energía alternativas se presenta como una
necesidad acuciante, imperiosa. Dadas las características climáticas de nuestro
país, la energía solar es otra área de oportunidad, un nicho tecnológico que
España no puede desaprovechar. Dispone de la Plataforma Solar de Almería, una
gran instalación que lleva 25 años
experimentando con los sistemas que permiten utilizar la luz solar para crear
energía eléctrica. El conocimiento y la experiencia acumulados en estos años
han sentado las bases para que varias empresas hayan tomado la iniciativa de invertir 300 millones de euros en la
creación de nuevas centrales solares termoeléctricas, un sector fuertemente
expansivo en EE UU. El desarrollo de los parques eólicos es otra vía
alternativa y complementaria que, como las plantas desalinizadoras en el caso
del agua, vienen a responder a los problemas de dependencia y escasez.
Como miembro de
La base de
Claro, que para que el made in Spain se incorpore a los logotipos de los países de
vanguardia, para que el ingenio despunte y la ciencia aplicada brote con fuerza
n España, hará falta que el nuevo período mágico que se anuncia no sea esta vez
el sueño de verano de una legislatura.
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La nueva medicina de la biología molecular y las
células madre es una de las áreas prometedor
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La inversión de las comunidades autónomas en I+D
supone la mitad del presupuesto español
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Defensa se enorgullece de que España cuente con
tecnología para construir un submarino completo
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No se puede perder el tren de las energías
alternativas al petróleo
